En Detroit, la gastronomía no pasa desapercibida. Esta es una ciudad que inventó su propio estilo de pizza, desencadenó una guerra de perritos calientes que dura ya un siglo entre dos restaurantes situados uno al lado del otro desde 1917 y creó un postre flotante que toda la ciudad reclama como propio. Cada plato aquí tiene una historia, un barrio detrás y una generación que creció con él.
Todo comienza en un pub clásico de Detroit con rollitos de carne en salmuera, calientes, crujientes y tan arraigados en la cultura gastronómica local que nunca han traspasado los límites de la ciudad. Desde allí, la ruta se adentra en el corazón del debate sobre el «Coney Dog», una de las tradiciones culinarias más reñidas de Estados Unidos, nacida de la rivalidad entre dos legendarios locales que llevan más de un siglo enfrentándose en la misma manzana.
A continuación, el recorrido serpentea por el centro de la ciudad, pasando por el «Spirit of Detroit», hasta llegar al barrio griego, donde el hojaldrado baklava empapado en miel rinde homenaje a la comunidad de inmigrantes que dio forma a este rincón de la ciudad. Por el camino, un «Boston Cooler» ofrece una pausa refrescante —el cóctel de helado y refresco emblemático de Detroit, del que la ciudad se enorgullece—, antes de que llegue el plato fuerte: la pizza al estilo de Detroit, de borde grueso, crujiente y repleta de queso hasta las esquinas.
Un plato secreto pone el broche final a la experiencia, que solo se desvelará ese mismo día.