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César Manrique, una gran leyenda de Lanzarote, dejó su huella por toda la isla, pero sobre todo en el norte. El arquitecto se inspiró en la extraordinaria geología de la región. Este recorrido pasa por tres lugares emblemáticos: las cuevas de los Verdes, los Jameos del Agua y el Mirador del Río. David, uno de nuestros guías locales, afirma que «el norte de la isla fue el lienzo sobre el que Manrique pintó con su paleta. Como él solía decir: “El norte sigue siendo la Lanzarote tradicional”».
La primera parada son las cuevas de los Verdes, donde un laberinto de galerías y escaleras te conduce a un auditorio natural. Estas cavernas —se han descubierto 16 hasta la fecha— son burbujas de aire unidas por un túnel creado por el flujo de lava de una erupción volcánica. Durante la década de 1960, el Cabildo de Lanzarote le encargó a Jesús Soto adaptar el sistema de cuevas para los visitantes, y así se creó una de las atracciones turísticas más fascinantes de la isla. Sin embargo, la influencia de Manrique es aún más evidente en los Jameos del Agua: armonizó esta cueva volcánica sin techo con jardines de rocas y un lago cristalino, lleno de cangrejos blancos y ciegos que solo se encuentran en Lanzarote.
También figura en el itinerario el Mirador del Río, una de las creaciones más futuristas de Manrique. Este mirador no solo se integra a la perfección en su entorno, en lo alto de un acantilado de 470 metros de altura, sino que ofrece unas vistas impresionantes de la isla de La Graciosa. A continuación, te dirigirás a Haría, un oasis de verdor conocido como el Valle de las Mil Palmeras, salpicado de casas encaladas y rodeado de picos. Si reservas la opción de la excursión que incluye el almuerzo, también podrás disfrutar aquí de una comida elaborada con ingredientes locales en una casa típica canaria.