Roma cuenta con barrios que llevan alimentando a la gente desde antes de que existiera la palabra «restaurante». Testaccio es uno de ellos.
Una mañana entre semana, encontrarás el mismo ritmo de siempre: los puestos del mercado montándose antes de que la ciudad se despierte, la charcutería atrayendo a los mismos clientes habituales que hace veinte años, las trattorias sacando sillas para los que llegan tarde. Aquí nadie está actuando. Simplemente están abiertos.
Este tour gastronómico matutino en grupo reducido te sumerge de lleno en todo ello: una charcutería que se toma muy en serio el origen de sus productos, un mercado cubierto donde algunos puestos llevan décadas en manos de la misma familia, una pirámide romana del año 12 a. C. por la que la mayoría de los visitantes pasan de largo, un almuerzo de pasta con vino en una trattoria del barrio y, para terminar, un helado en Giolitti, toda una institución que lleva elaborándolos desde 1900.
Testaccio no es un desvío. Es el destino.